En cuestión de horas, la acción de Kohl’s llegó a subir más de 100% en un solo día, mientras que Krispy Kreme se disparó hasta 76%, ninguna de las dos impulsada por resultados financieros extraordinarios, sino por una ola coordinada de compras impulsadas en redes sociales. Estas acciones, apodadas colectivamente con un acrónimo por sus tickers, revivieron en 2026 la misma dinámica que ya se había visto antes con GameStop: el efecto manada en su forma más pura, tan reconocible que incluso existe un ETF diseñado explícitamente para capturar este tipo de tendencias impulsadas por el sentimiento colectivo en línea.
Qué es realmente el efecto manada
El efecto manada describe la tendencia humana a imitar las decisiones de un grupo grande, incluso cuando esa decisión contradice el análisis individual o la información disponible. En el contexto de inversión, se traduce en comprar o vender un activo principalmente porque muchos otros lo están haciendo en ese momento, no porque un análisis propio de fundamentales lo justifique.
Por qué el cerebro es tan propenso a esto
Este comportamiento no es un defecto exclusivo de los inversionistas inexpertos; responde a un mecanismo psicológico profundamente arraigado. Seguir al grupo ofrece una sensación de validación social y reduce la ansiedad de tomar una decisión en solitario y bajo incertidumbre. A esto se suma el miedo a quedarse fuera, conocido como FOMO, la sensación incómoda de ver que otros están ganando dinero con una tendencia mientras uno se mantiene al margen. Ambos impulsos son, en otros contextos de la vida, mecanismos razonables de supervivencia social; aplicados sin filtro a las decisiones financieras, sin embargo, suelen llevar a comprar cerca de los máximos y vender cerca de los mínimos, exactamente lo opuesto a lo que una estrategia de inversión exitosa requiere.
¿Cómo se ve esto en la práctica actual?
El regreso de las llamadas acciones “meme” en 2026 ilustra el fenómeno con claridad. Comunidades enteras en redes sociales coordinaron compras masivas sobre un grupo específico de acciones, entre ellas Krispy Kreme, Opendoor y Kohl’s, generando movimientos de precio que, según analistas de Goldman Sachs, provocaron uno de los “short squeezes” más pronunciados jamás registrados, es decir, situaciones donde inversionistas que habían apostado contra esas acciones se vieron forzados a comprarlas de vuelta a precios cada vez más altos para limitar sus pérdidas, amplificando aún más la subida. El propio análisis de este fenómeno reconoce que estas acciones se mueven “no por utilidades ni fundamentales, sino por el ruido, el entusiasmo y la emoción colectiva en línea”.
Esto no es nuevo, solo cambia de forma
El efecto manada tiene precedentes bien documentados mucho antes de la era de las redes sociales. La burbuja de las empresas puntocom a finales de los años noventa mostró el mismo patrón: capital masivo persiguiendo cualquier empresa con un nombre relacionado con internet, sin importar si tenía un modelo de negocio viable. Lo que ha cambiado con el tiempo no es el comportamiento humano detrás del fenómeno, sino la velocidad con la que se propaga: lo que antes tomaba meses en gestarse a través de recomendaciones boca a boca, hoy puede ocurrir en cuestión de horas gracias a la instantaneidad de las plataformas sociales.
¿Es peligroso para el inversionista individual?
El problema central del efecto manada es de timing: quien entra en las primeras etapas de una ola impulsada por el sentimiento colectivo puede beneficiarse enormemente, pero la mayoría de los participantes se suman después, atraídos precisamente por el ruido y las ganancias que ya se generaron. Como advierten con frecuencia los analistas que siguen este tipo de episodios, “lo que sube rápido puede bajar igual de rápido”, y quienes llegan tarde a la fiesta suelen ser los que absorben la mayor parte de la caída cuando el entusiasmo colectivo se desvanece con la misma rapidez con la que apareció.
Cómo protegerte del efecto manada
La defensa más efectiva contra este sesgo es tener un plan de inversión definido de antemano, en un momento de calma, con reglas claras sobre qué comprar, por qué y bajo qué condiciones. Antes de sumarte a una tendencia que está generando ruido, vale la pena preguntarte honestamente si comprarías esa misma posición sin la validación social que la rodea en ese momento, o si tu interés surge exclusivamente porque “todos están hablando de eso”. Establecer un límite de tiempo deliberado entre ver una tendencia viral y decidir actuar sobre ella, incluso solo veinticuatro horas, suele ser suficiente para separar una decisión de inversión genuina de una reacción impulsiva contagiada por el entusiasmo colectivo del momento.
El efecto manada no siempre es irracional
Vale la pena matizar que seguir al consenso no siempre es sinónimo de error: comprar un fondo ampliamente diversificado, en cierto sentido, también implica seguir la opinión colectiva del mercado sobre el valor relativo de cada empresa. La diferencia clave está en si esa decisión colectiva refleja información y fundamentales genuinos incorporados de forma gradual por millones de participantes racionales, o si responde a una ola emocional coordinada y autoalimentada, desconectada por completo del valor real del negocio subyacente.
El efecto manada es, ante todo, un recordatorio de que el mayor riesgo al invertir no siempre viene del mercado en sí, sino de la propia tendencia humana a sentirse más seguro haciendo lo mismo que la multitud, precisamente en los momentos donde esa multitud suele estar más equivocada.
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